viernes, 11 de marzo de 2011

tsunami


Toda conmoción comienza dentro, en lo profundo, a 16 kilómetros o en el centro mismo del alma. El mar ¿porqué el mar? ¿porqué el agua, que es el más delirante de los elementos? Si llovieran ranas no me parecería tan perturbante. En Japón el mar se escapa como llanto de los dioses; aquí en el sur los coletazos ciegos de Kai Kai aplacaron su ira para mandarlo a dormir nuevamente al fondo del océano.

Es inevitable pensar, comparar, las fechas y no hacerse alguna teoría. Círculos dicen los más místicos. Espirales los místicos sofisticados. Pero lo cierto es la materia y no lo que la explica. Desde la metafísica más floreada hasta el materialismo más frío, lo único cierto son las olas arrastrando a los pueblos, y esto es quizás lo más verdadero, lo más social, lo más político, lo más artístico y trascendental que alguien puede decir. Para no perderse en la contemplación de la catástrofe lo mejor es agarrar la pala y ponerse las botas.

Es consuelo pobre fantasear sobre mitologías polvorientas y agradecer porque "a nosotros no nos toca", como si pudiéramos agradarle a algún espíritu. Pero las tragedias nunca son unilaterales. Solamente se ven los daños reales que causa el tsunami cuando se recogen las aguas... hasta ahora el corazón sigue inundado.


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